jueves, marzo 13, 2008

La Loma toca el cielo

La comunidad le construye una casa, ladrillo a ladrillo, solidaridad por bultos.

Gabriel Jaime Vanegas sube todos los días a La Loma desde San Javier, una de las estaciones terminales del Metro en Medellín. El domingo, en su día de descanso, estuvo trasladando bultos de cemento que consiguió regalados y horas más tarde, junto a otros vecinos, estuvo ‘echando pala’ en la obra de Suso, un viejo casi ciego que ha recuperado la dignidad gracias al reconocimiento que le ha dado una comunidad de nuevos bloggers.

Vanegas es el bibliotecario de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín filial San Javier - La Loma. Su rol podría ser el de un simple cancerbero que se dedica a cuidar libros –a que no los rayen, en el mejor de los casos–. Sin embargo, Gabriel Jaime está convencido de que su papel debe ser el de un dinamizador, el de un facilitador de procesos. La lectura no se logra solamente con tener unos libros en los anaqueles, sino con la cultura, la actitud y las posibilidades de acceso a ese universo de letras.

En medio del recorrido en el Metro que nos conduce a la estación de San Javier, Patton y yo oímos atentamente a Gabriel Jaime. Nos cuenta que lleva años allá, cultivando las preguntas por encima de las respuestas porque considera que es sobre los cuestionamientos que los jóvenes usuarios de la biblioteca movilizan sus inquietudes a favor del beneficio común.

A Gabriel Jaime lo conocemos porque se convirtió en uno de los héroes que decidió embarcarse junto a los niños y jóvenes en la aventura que les propusieron dos iniciativas muy valiosas de parte del colectivo Hipermedial (Medea Material, Galo, Jorge Montoya y Velvet), y del profesor colombiano Álvaro Ramírez, de la Universidad de Bergen. Ambos llegaron por el mismo camino a Rising Voices de Global Voices y con sus propuestas lograron unos pocos recursos que han mutiplicado en dinero y en beneficios.

Hoy, Hiperbarrio es el resultado de eso, es una realidad en la que se potencian las voces de los que no habían tenido voz y han ganado visibilidad con sus “historias locales para audiencias globales”. Hiperbarrio es uno de los cinco proyectos financiados en el mundo junto a otros cuatro de Bangladesh, Sierra Leona, India y Bolivia.

Hoy, los niños y niñas leen más hasta el punto en que, según cuenta Gabriel Jaime, han tenido el caso de padres que, como en la historia de Matilda, cuando acuden a los padres para que les lean un cuento para poder irse a dormir, éstos le responden “para qué si hay un televisor”… E incluso han llegado a la Biblioteca a reclamar que para qué se incentiva la lectura en los niños si los padres terminan cansados luego de la jornada laboral o simplemente no saben leer… Esos momentos han sido aprovechados para iniciar un diálogo inédito con los padres, con los que ya se inician procesos de socialización y de intervención para que comprendan la importancia enorme de que se inicien en la lectura y hasta puedan llevar libros en préstamo hasta sus casas.

Eso ha contribuido a que los menores abran su mente a nuevos universos culturales y con el proyecto de Hiperbarrio han comenzado a contar sus historias con el apoyo de Hipermedial y de Álvaro. Ellos realizaron gratuitamente talleres de blogging y de videoblogging y han comenzado a narrar su entorno desde sus propios blogs y desde el que crearon para el ejercicio colectivo. La primera pregunta que se hicieron en el blog (además de que cada uno tiene su propio blog) fue “¿dónde estamos?” porque la identidad tenía que empezar por el reconocimiento de la propia territorialidad. Con Medellín –que es el municipio que los alberga– tienen una extraña relación porque el adentro/afuera resulta complejo.

Señalan que tienen una presión territorial que se extiende por sus contornos como la cercanía con el corregimiento de Santo Domingo, por la Comuna 13, por los terrenos de la futura cárcel de Medellín, por la escombrera (lugar a dónde llegan a parar todos los escombros de las obras de demolición y construcción en el casco urbano de la capital antioqueña) y por la misma frontera urbanística legal que se extiende con apetito por las montañas. Próximas decisiones político administrativas determinarán aún más el adentro/afuera de La Loma y sus habitantes disfrutarán/padecerán sus implicaciones.

Hasta el momento, La Loma ha sido un milagro de la solidaridad desde su creación en los años sesenta cuando sus primeros habitantes sufrían la lejanía de Medellín y su camino principal era una trocha que les obligaba a caminar varios kilómetros desde el punto llamado La Puerta (donde se terminaba el pavimento de Medellín) hasta un sitio llamado El Guamo, una finca que finalmente cedió sus terrenos para lo que hoy es como una especie de ágora para La Loma. Cuando llegamos allá descubrimos presencia policial en actitud preventiva, plaza de mercado, terminal satélite de los colectivos y hasta una suerte de pared que sirve de medio de comunicación en la que toda noticia de la comunidad termina pegada en sus ladrillos y a la que Patton comparó con una especie de cbox.

Nos cuentan que por esa misma trocha hace muchos años, cuando se dañaba el único transformador de la energía eléctrica, no había más alternativa que cortar un palo, colgarle el transformador y bajarlo a hombros de los hombres. No había mejor pretexto para ser solidarios que trabajar en equipo, tanto como cuando se enfermaba alguno y entre los otros lo bajaban como podían a la ciudad.

Actualmente, los vecinos, los muchachos y el propio Gabriel Jaime trabajan en la reconstrucción de la casa del viejo ‘Suso Mugre’, que se cae a pedazos por las tejas desvencijadas y los muros de tapia que no resisten un aguacero más. Este esfuerzo lo hacen para devolverle la dignidad al viejo que ya no es llamado así por los niños sino que ahora Manuel Salvador es al menos “Don Suso“. Y es “Don Suso” porque el artículo que escribieron Gabriel Jaime y las jóvenes Catalina Restrepo y Yuliana Paniagua para el periódico gratuito Conexión, que circula en el corregimiento de San Cristóbal, lo puso en evidencia como un hombre trabajador y cuyo padre fue precisamente el que donó parte de sus tierras para varios de los más importantes terrenos comunales de La Loma.




De él también hicieron un video, como otros más, que han socializado con la comunidad en proyecciones que alcanza numerosas sillas y se convierten en momentos mágicos en los que en una especie de alquimia, los habitantes gozan al reconocer sus espacios y sus propios rostros en la magia del video, o hasta se ponen bravos como la maestra que no entendía cómo era que habían hecho un video llamado Rayones en el que plasmaron las características de la expresión juvenil de La Loma en las paredes de la comunidad.

La misma tarde de ese domingo en que llego a Bogotá, lleno de emoción por haber conocido in situ esta solidaridad en potencia y a la vez con frustración por no haberme podido quedar, le pregunto a Álvaro Ramírez a través de Gtalk en su media noche noruega que me diga qué cree que han ganado estos muchachos con este tipo de proyectos. Me contesta espontáneamente:

“Autoestima, visibilidad, un grupo referente que les da identidad en una edad en que es clave tener eso, una capacidad de reflexión que cada vez me sorprende más… Si los hubieras oído el día de la presentación en público“, cuenta con emoción. Y añade: “Les está dando conciencia de LO PÚBLICO, de que pertenecen a la sociedad, a su barrio, a su ciudad y al globo. A Jorge le ha dado unas oportunidades de autoexpresión impresionantes (es un duro rapeando, por lo que vi en otro video que nos mostraron en la biblioteca); a Carmen le confirmó que ella es una escritora, poeta y narradora (tiene 31 y es la única mayor) ya sabe que se quiere dedicar de por vida a eso. Pero a todos les está dando un sentido de pertenencia inusitado”.

Y parte del éxito está en que han posicionado a La Loma en un nuevo contexto. Este sector era únicamente asociado a actos de violencia, a masacres. Hoy, cuando un usuario escribe “La Loma” en Google, el nuevo rastreador de prestigios universal, los resultados ya no citan como primeras instrucciones esas masacres, sino que hablan de su biblioteca y pronto seguirán sus historias originales.

Hoy quedo feliz con haber conocido a varios de estos muchachos que mostraron parte de todo lo que hacen en el marco de Medelink 2008, la feria de cultura digital que concluyó el sábado pasado con total éxito en Medellín. Allá, se encontraron con ‘otros’ jóvenes, se rozaron con otras sensibilidades contemporáneas y compartieron trascendencias y trivialidades, emociones e ideas. Necesitamos muchos más de estos héroes en todo el país.

Las fotos que tomó Patton para complementar esta crónica puede verlas aquí.

2 comentarios:

lully, Ref. al desnudo dijo...

Esta entrada por demás plausible, reconforta mi espiritu en esta semana de reflexión. Admiro el empeño que le puso Álvaro a este proyecto que desde un principio comenzó a dar sus frutos. Una labor social que, cada que leo noticias de esto, me brindan caricias para mi alma.

Un abrazo para tí apreciado Víctor!

Víctor Solano dijo...

Muchas gracias Lully: La labor de Álvaro y de Hipermedial es sencillamente incalculable, pero lo mejor es que ha contado con el respaldo de los muchachos de La Loma. Un abrazo para ti.